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365 días...

365dias

Todavía resuenan en mis oídos los últimos compases de la marcha “La Madrugá”, con la que la Banda de Música AMUECI ponía fin a nuestra Estación de Penitencia ese pasado Lunes Santo que ya parece tan lejano, que hoy, 15 de abril miro el calendario y me doy cuenta que faltan exactamente 365 días para el Lunes Santo de 2019.

365 días en los que nuestras vidas seguro habrán cambiado, pero 365 días en los que sin embargo todo volverá a repetirse, porque…

En 365 días, volverás a abrir el cerrojo de los portones de Santa Ana, para que la cofradía salga como un torrente de agua buscando encontrarse con su barrio.

En 365 días, volverás a indicarnos el camino con esa pesada Cruz de Guía, consciente de que más pesada fue la que llevó Nuestro Señor, pues en ella cargaba todos nuestros pecados.

En 365 días, volverás a ser pequeño nazareno con varita, ocupando los primeros puestos de la cofradía.

En 365 días, volverás a vestir esa túnica que, colgada perfectamente planchada, aguarda a ser el mejor hábito con el que cruzar las puertas del cielo.

En 365 días, volverás a ser nazareno orgulloso con el Banderín de la Juventud, porque la juventud es el futuro de la Hermandad.

En 365 días, volverás a echar cera a esa bola cada vez más grande, sobre la que llevas derramando las lágrimas de tu cirio varios años.

En 365 días, volverás a ser celador y golpearás con el palermo en el suelo, pidiendo a los nazarenos de tu tramo que agilicen el paso.

En 365 días, volverás a ser acólito con cirial, que en su caminar va anticipando la llegada del Santísimo Cristo de la Yedra.

En 365 días, volverás a agarrarte con fuerza a esa manigueta en la que este año ibais tú y el bebe que ya crecía en tu vientre.

En 365 días, volverás a coger el llamador para levantar el paso de Nuestro Cristo crucificado de la Yedra, después de mandar a tus costaleros al grito de “tos por igual, a esta es”.

En 365 días, volverás a fajarte y a hacerte el costal, dispuesto a ser los pies que llevan al Cristo de la Yedra por esa calle de la Amargura de la Jerusalén del siglo I.

En 365 días, volverás a ser “aguaó” repartiendo en ese jarrillo, agua con la que mitigar la sed de los valientes costaleros.

En 365 días, volverás a cargar con la cruz sobre tu hombro, a semejanza de Nuestro Señor Jesucristo camino del Gólgota.

En 365 días, volverás a dar luz con tu cirio verde, en la oscura noche del Lunes Santo.

En 365 días, volverás a llevar el Senatus Populusque Romanus emblema del Imperio Romano, sabiendo que los ojos que brillan bajo el antifaz de ese nazareno que te acompaña, son los de tu hermana.

En 365 días, volverás a ser portador de la bandera Mariana símbolo de la Inmaculada Concepción, en señal del voto que en el siglo XVII esta ciudad hiciera.

En 365 días, volverás a ser monaguillo que incensario en mano, va perfumando el caminar de la Virgen de la Caridad por esa antigua calle Caballeros, por la que nunca camina de noche.

En 365 días, volverás a ser “el tío de la caña”, siempre en pelea constante con ese maldito viento que no deja de apagar una y otra vez la candelería del paso de Nuestra Madre de la Caridad.

En 365 días, volverás a caminar tras ese manto verde con el que la Virgen de la Caridad, va recogiendo las plegarias y ruegos de todos aquellos fieles que la esperan.

En 365 días, volverás a emocionarte al escuchar saetas al Cristo de la Yedra y a su Bendita Madre la Virgen de la Caridad.

En 365 días, volverás a esperar a la cofradía en las estrecheces de la calle Zayas.

En 365 días, volverás a ser un capataz con sentimiento, mandando un poquito “más a tierra”, en esa calle Santa Florentina en la que los balcones desafían, a tus costaleros de la trasera.

Y en 365 días, volveré a emocionarme con todos vosotros, protagonistas de esta bella historia del Lunes Santo Ecijano.

No quiero finalizar estas líneas, sin acordarme de quienes en estos, todavía hoy, menos de 60 días como Hermano de la Yedra, me habéis abierto las puertas de Santa Ana, las de vuestra amistad y sobre todo las de vuestro corazón. A todos vosotros y vosotras, gracias.

Gracias por haber tenido tanta paciencia conmigo y a la vez tanta confianza en mí.
Gracias por haberme enseñado los entresijos de la Hermandad.
Gracias por haber compartido conmigo, tardes y noches de montajes de pasos y altares.
Gracias por haberme invitado disfrutar un Lunes Santo delante de cada uno de los pasos.
Y sobre todo, gracias haber permitido que cogiera entre mis manos al Señor y a su Bendita Madre.

Recordad, mañana cuando vuelva a salir el sol, quedarán 364 días…

 

N.H.D. Francisco Javier Elías Orellana
Domingo, 15 de abril de 2018